Erik Rébsamen
Reynoso
5 MALDITAS MEGATENDENCIAS DEL MUNDO POSPANDÉMICO
Déjate transformar por este viaje llamado vida
El mundo está sufriendo por la perversa sinergia de las cinco megatendencias que Erik Rébsamen identifica claramente: el hipercontrol, la escisión, la sobrerreglamentación, la irresponsabilidad y la voracidad de empresas y gobiernos.
Cada una de estas se vuelve más grande día a día, afectando —sin excepción— todas las esferas de la vida, hasta llegar a los rincones más profundos de la mente y el alma de los seres humanos. Las pérdidas serán inmensas. La libertad, la vida cotidiana, la autonomía, la responsabilidad, la moral, la razón y las emociones se verán reducidas hasta extremos insospechados.
© 2021
© 2021
Erik Rébsamen Reynoso
Erik Rébsamen es licenciado en Ciencias de la Comunicación, en Psicología Clínica y pasante de Derecho, con maestría en Terapia Familiar Sistémica y estudios en Administración Educativa. Comenzó su práctica clínica en psicoterapia en 1999, en su natal Celaya. Desde 2008 ha sostenido también una práctica ininterrumpida en terapia de pareja y terapia familiar. Ha sido profesor universitario en los estados de Guanajuato, Querétaro y Michoacán en diferentes carreras e instituciones, aunque su enfoque principal radica en la enseñanza de la psicoterapia, la filosofía y la problemática social.
Contáctame
Escríbeme
Sígueme en redes
5 MALDITAS MEGATENDENCIAS DEL MUNDO POSPANDÉMICO
El mundo está sufriendo por la perversa sinergia de las cinco megatendencias que Erik Rébsamen identifica claramente: el hipercontrol, la escisión, la sobrerreglamentación, la irresponsabilidad y la voracidad de empresas y gobiernos.
Cada una de estas se vuelve más grande día a día, afectando —sin excepción— todas las esferas de la vida, hasta llegar a los rincones más profundos de la mente y el alma de los seres humanos. Las pérdidas serán inmensas. La libertad, la vida cotidiana, la autonomía, la responsabilidad, la moral, la razón y las emociones se verán reducidas hasta extremos insospechados. El autor propone una visión de conjunto que dé inicio a una nueva consciencia. El libro es un «regaño» a la civilización occidental, un reto para afrontar nuestra negación y dejadez. Propone un constructo teórico revolucionario: el autonomismo, sustentado en la filosofía, la psicología, la biología y en las interacciones de estas realidades.
5 MALDITAS MEGATENDENCIAS DEL MUNDO POSPANDÉMICO
Capítulo 1
INTRODUCCIÓN: TODO CAMBIO IMPUESTO ES VIOLENCIA
Antes de comenzar el desglose de las 5 malditas megatendencias del mundo postpandémico, es necesario ubicarlas en una meta-megatendencia: el cambio. El cambio se ha vuelto una palabra mágica, un dogma de dogmas, una verdad inmutable e incontrovertible. La nueva religión.
¡Ay de aquel que se atreva a cuestionarlo, a ponerle la más mínima objeción! «El cambio es la ley de la vida». E inmediatamente, quienes se atreven a dudar de él van a ser tachados de «dinosaurios», psicóticos, globalifóbicos… Oponerse al cambio es visto como una enfermedad; incluso hay antídotos y tipologías.
Vengo de un país que ha tenido muy malas experiencias cuando se nos han impuesto cambios: sin profundizar mucho en la historia, recordemos que México fue conquistado y que varias culturas completas fueron arrasadas en nombre del poderoso e inevitable cambio. Así, el cambio violó, destruyó y mancilló a aztecas, otomíes, pames, guamares, guachichiles, purépechas, yopes, tlaxcaltecas, mixtecas, cuitlatecas, ocuiltecas, matlatzincas, tlapanecos, amuzgos, tolimecas, pantecas y mayas. Y si nos vamos al Caribe, Centroamérica y América del Sur, tendremos que agregar a taínos, caribes, arawaks e incas, y estoy seguro de que me faltan varias docenas más... centenares más. Arrasaron con todo: cultura, idioma, religión, idiosincrasia, tradiciones, etcétera. Vengo de un país y de un continente donde el cambio ha traído bastantes males.
Después de la Conquista, la Colonia continuó con esta labor de arrasar con todo. Profundizó el cambio ideológico y se empeñó, con bastante consciencia, en terminar con los viejos pensamientos y cosmovisiones. Trescientos años para destruir cualquier vestigio de los dioses antiguos.
Vino el Porfiriato y la hacienda como una institución medieval de explotación. Llegaron nuevos paladines del cambio: ahora lo llamaban «progreso». Tampoco quiero ahondar en los niveles de depravación y degradación a los que llevaron a los indígenas y campesinos de mi país; mejor remito al lector a México bárbaro, lectura obligada no solo para los mexicanos, sino para cualquiera que viva en un país que todavía sufra de colonialismo o de colonialismos culturales. John Kenneth Turner nos muestra clarito los límites de la explotación hacia los hombres y los beneficios que obtenían aquellos países con nuestras materias primas y la sangre de nuestra gente. Pero de esto nadie pide perdón; para estas vergüenzas históricas no hay un movimiento de reivindicación. No. Porque no son movimientos que vengan de Madrid o Nueva York, y porque recordar el pasado de México nos hace ver verdades que todavía siguen vivas y que se llaman colonialismo, explotación de recursos naturales por parte de metrópolis y neocolonialismo cultural.
La explotación de la riqueza natural de América Latina siempre ha sido disfrazada de progreso y de otras «bondades». Y vámonos directito al día de hoy: saltémonos el cobre, el petróleo y docenas de minerales. Hoy, la utilización de la energía eléctrica mexicana por parte de empresas privadas y extranjeras se adorna con palabras tan bonitas como «apertura de mercados eléctricos», «no poner en riesgo inversiones», «erosionar la competitividad regional», «incomodidades» o «no buscar glorias perdidas»… Mantener la soberanía «socava la integración energética de América del Norte».
Un editorial de The Washington Post llega al extremo de decir: «Estados Unidos está defendiendo sus propios intereses y, en un sentido real, los mejores intereses del pueblo de México también» (Board, 2022). Así, entregar la soberanía eléctrica de México se convierte, en el discurso de quien se apropia de lo ajeno, en cuidar los intereses del explotado. Esto no es nada nuevo. Mucho me suena a la colonización generosa que Pío Baroja defiende. Aún recuerdo cómo se nos vendió a los mexicanos la llegada del Impuesto al Valor Agregado; tengo grabados en mi mente los anuncios en los que se iban a simplificar las cosas y tal parecía que hasta íbamos a pagar menos.
Tengo bastantes motivos para desconfiar del cambio impuesto. Y más si viene del exterior, desde otra cultura, desde un organismo lejano por el cual nunca voté y al que nunca elegí. ¿Eso me convierte en una persona anticambio? No. Amo los cambios, y más los que yo mismo provoco, y más cuando son cambios que me benefician a mí. El problema que tengo es cuando son impuestos, cuando no surgen de consensos, cuando son determinados en una ciudad poderosa de un país lejano, cuando generan ganadores y perdedores, cuando no me dejan alternativa de elección y cuando se fundamentan en una ideología que me descalifica a mí como persona o a una parte de mi identidad.
LOS RESISTENTES AL CAMBIO
En los manuales y los artículos de la filosofía empresarial tenemos el desglose de un «peligroso espécimen»: «los resistentes al cambio». La resistencia al cambio surge cuando un trabajador «debe» modificar sus rutinas o hábitos y no lo hace porque es miedoso, comodino, o sufre una parálisis o bloqueo cuando siente la dificultad del cambio (Esneca, 2021).
Quienes no quieren cambiar tienen un «bloqueo», o son fans del statu quo, y quién quita y hasta tienen un problema afectivo o cognitivo. Para los gurúes de las empresas, la resistencia al cambio es una enfermedad. Pero nunca se cuestionan de dónde surge este «debe» cambiar.
Si tú eres «un resistente al cambio», no te preocupes; Psicología y Mente te da los 10 consejos para superar la resistencia al cambio, «vamos a por ello»:
1. Ser autoconsciente y conocerse a uno mismo.
2. Elimina las creencias limitantes.
3. Sal de la zona de confort y ponte a prueba.
4. Mejora la autoconfianza.
5. Ponte metas realistas.
6. Ábrete al cambio.
7. Planifica el cambio.
8. Responsabilízate.
9. Abandona el victimismo.
10. Acude a un experto en desarrollo personal u organizacional. En este punto hay que mejorar la inteligencia emocional, así como apoyarnos en coaches y en la psicología positiva.
Mis viejos apuntes de administración consideraban varios prototipos de resistentes; mencionaré algunos de los que me acuerdo: «el doctor no», con su variante, el «sí, pero»; el olvidadizo, el cínico, el llorón y el «balones fuera» o postergador. No me acuerdo de más.
Recientemente se han teorizado los ocho tipos de resistencia al cambio: resistencia al riesgo, resistencia por apego, resistencia cultural, resistencia por intereses antagónicos, resistencia por malentendidos, resistencia por negación de la realidad, resistencia por incertidumbre y resistencia por sobrecarga (San Valentín, 2020). Así, cualquiera que se resista al cambio está enfermo, es un dinosaurio, un sujeto ridiculizable, alguien que emplea la negación, un hombre de las cavernas que rechaza la rueda, etc. Sin embargo, creo que es hora de ponerle un gran pero a estos discursos. Hay todavía algo más insano que la rigidez contra el cambio: el idiota que acepta todos los cambios sin cuestionarse.
Dejemos de ver el asunto del cambio de una forma maniquea: los que quieren cambiar, emprendedores y activos, y los dinosaurios que defienden el statu quo. Es algo muy simplista. En el mundo moderno necesitamos hacernos algunas preguntas.
LAS 12 CONSIDERACIONES DEL CAMBIO.
1. ¿Quién promueve el cambio? Realmente, ¿cuál es el origen de este cambio?
2. ¿Para qué me quieren cambiar? Creo que esta es una pregunta profunda y me parece bastante irresponsable no hacérsela.
3. ¿Me descalifica este cambio? ¿Intenta hacerme sentir mal? ¿Es impuesto mediante la culpa?
4. ¿A quién beneficia realmente este cambio? ¿Hay un beneficio para mí? ¿Es un beneficio concreto para mi calidad de vida o me están vendiendo algo lejano y ambiguo?
5. ¿En qué me perjudica? Tanto en lo inmediato, lo mediato y lo lejano, como en la esfera en que se está proponiendo y en otras áreas que me puedan afectar.
6. ¿Fui consultado? ¿Qué tan cercana o lejana es la gente que lo legisló, lo impone, etc.?
7. ¿Es un cambio realizado por consenso o por imposición de unos cuantos?
8. En caso de que me perjudique, ¿hay alguna medida que equilibre lo que me afecta?
9. ¿A qué me compromete realmente? ¿Qué otras cosas quieren que cambie al aceptarlo?
10. ¿Realmente beneficia?
11. ¿Considera en qué perjudica?
12. ¿Se promueve con coacción? ¿Se dice toda la verdad?
EL CAMBIO EN LAS CONVENCIONES INTERNACIONALES
Muy de pasada, apuntaremos que no puede existir un «pensamiento» que esclarezca el mundo contemporáneo que no sea integrador, sobre todo cuando uno intenta ver «todos». Creo que los «giros lingüísticos» y «los imaginarios» están rebasados. Es hora de pensar en cimientos; es hora de excavar en las profundidades de la biología, las neurociencias, la economía y el derecho para levantar cualquier clase de edificio conceptual. Por eso, al analizar el cambio, voy a contrastar el concepto de cambio en las siguientes convenciones y pactos:
• Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
• Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
• Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
• Los Derechos Culturales, Declaración de Friburgo.
• Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Todo cambio ha de ser en beneficio de toda la gente, de la persona en particular, para generar —me apoyo en el artículo 11 del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales— «un nivel de vida adecuado para sí y su familia» y «una mejora continua en las condiciones de existencia». Dice el pacto: mejora continua en las «condiciones de existencia». Vemos que las convenciones internacionales se aplican cuando les convienen a los poderosos y se vuelven letra muerta, ignorada, como si nunca se hubieran escrito, cuando se refieren a la mayoría. La mejora continua en las condiciones de existencia debería ser un principio rector. Destruir la presunción de inocencia no es mejorar las condiciones de vida de nadie.
El que haya leyes que se legislen en los países hegemónicos y el que se juzgue a alguien a tres mil kilómetros de distancia con preceptos de «la metrópoli» no libera en absoluto al ser humano del temor y la miseria, como se presume en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. O, más específicamente, si seguimos el artículo 1 de éste, el cual establece que «todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación», vemos que la extraterritorialidad de la ley es plenamente violatoria de lo fundamental de los derechos humanos, económicos, sociales, civiles y políticos. ¿Por qué las naciones son tan cobardes y no defienden esta libre determinación? Si continuamos con el mismo acuerdo, vemos también la violación sistemática de los artículos:


